viernes, 6 de abril de 2007

Un viernes de Pascua

Ya vas dos veces que voy a Israel y seguro habrá una tercera. Digamos que esto solo se puede permitir en un lugar donde la trinidad es algo que impera, donde estan las tres religiones monoteistas más importantes del mundo. En esta Semana Santa, no me queda mas que reflexionar por el simple hecho de haber regresado. Quizá debraye al hallarle una explicación personal....puedo decir que es un llamado, no una casualidad. Quizá hace miles años yo caminé por ahí. O quizá simplemente es mera suerte. Podría darle mil explicaciones y siempre tendrá ese tinte presuntuoso de haber sido "yo elegida" para regresar.
Pero quiza no.
Pero eso no importa. La razón es que caminar por la antigua Jerusalén me produce siempre conmoción. Las dos veces que transité por sus barrios, busque grabar en mi mente, cada rincón, cada grieta, cada edificio. Y si cierras los ojos, puedes adecuar ese escenario como hace dos mil años, y podrías imaginar a los pastores, a los mercaderes, a los soldados romanos. Todos estarían ahí caminando. Y si abres los ojos, el paisaje no cambia tanto, Quizá solo la vestimenta. Pero apuesta a que toda esta gente desde siempre ha estado ahí.
Camino con prisa por el barrio árabe temiendo que se acabe la luz y no pueda captar fotoggraficamente el Santo Sepulcro. Paso por las tiendas llenas de souvenirs religiosos. Pasa con cautela por una en especial. Cuando llego al Santo Sepulcro, cruzo el umbral con el respeto de una católica media rebelde pero que siempre le ha dado su importancia a Dios. Voy a su tumba. Vuelvo a llorar. Voy a la tumba coptca, y ahí esta otra vez el sacerdote de hace tres años que me regaló unas velas. Camino por los laberintos de la iglesia. Me meto por pasadizos, fotografio grutas oscuras...quizá la camara revele alguna presencia mistica. En esta gran iglesia, sólo el 10 por ciento está abierta al publico. Imagino lo que puede haber detrás de estas puertas selladas, detrás de los laberintos de piedra...después de todo, camino sobre el Golgota, el Monte Calvario. Miro hacia arriba donde destaca un domo que deja pasar los rayos de sol. Me conmuevo hasta las lágrimas. He regresado, y he vuelto para volverte a ver.
En este viernes, el mas triste de todo el calvario, no dejo de pensar en como fue, en lo que verdaderamente fue, y en si realmente fue. Siempre estaré agradecida a la vida por ese regreso. Me permite volver a encontrarme y a reafirmarme.
De regreso, caminado por el barrio árabe, uno de los comerciantes, jóven y un tanto rechoncho, me intercepta y me mira fijamente. "Oye", me dice" "tú ya has estado por aqui".

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