Vi la luz
La Paz es una de esas ciudades que tienen una luz especial. Es como si a la pantalla de tu televisor o al monitor de tu computadora le pusieras mayor brillo a la imagen. El paisaje de La Paz es más claro, más blanco. Quiza se debe al contraste entre el malecón hecho de piedra blanca junto con el mar azul que al final, le da esa luminiscencia particular. Es pues la Paz un destino de luz.Llegamos a La Paz despues de dejar atrás la gringonería de Los Cabos donde no valió la pena nada del viaje salvo por un atardecer de color violeta y rojo que hizo que por unos minutos nos perdiéramos el camión. Arribamos a La Paz que sería nuestro punto de partida para ir a Todos Santos, el pueblo donde se especula, se realizó la cancion legendaria de The Eagles. "Hotel California".En La Paz esperábamos encontrarnos un poblado sin chiste, el punto de partida hacia el Mar de Cortés y a otra aventura. Lo cierto es que nos recibió una ciudad amiga, con un secretario de turismo que de inmediato se identificó con los tres periodistas jóvenes que ibamos a visitarle, tanto así que de inmediato nos invitó un six pack de chelas, y nos presentó a su novia. Al otro dia, nos embarcamos rumbo a la Isla del Espíritu Santo, famoso santuario marino en el Mar de Cortés, considerado uno de los de mayor biodiversidad en el mundo.En un yate zurcamos el mar en busca de una colonia de lobos marinos. Una vez ubicados, nos zambullimos con un visor de agua y los seguimos en el fondo del mar. Parecen bailarinas en el agua. Dan vueltas, giros. Nadan de panza o de cabeza. Sus bigotes largos les confieren un caracter amistoso pero apenas entras en contacto en su espacio territorial y como perros caseros, sueltan una mordida al viajero despistado. Sus cuerpos tornasol me hicieron imitar esa languidez y desparpajo que solo le compete a los seres superiores, a aquellos en donde la preocupación no entra en su visión de vida. Donde el solo dejarse llevar por las corrientes marinas, entre peces de color y los rayos de sol, hacen feliz cualquiera de sus días.Pero la aventura aun daba para más. Regresábamos al puerto cuando uno de los biologos que iban en el crucero detectó una enorme franja bajo el agua que se movía lentamente. ¡Es un tiburón!, gritó. Al escuchar esta palabra sentí un temblor en el pecho, De niña me habia impresionado la pelicula de Steven Spielberg donde un tiburon blanco más inteligente que animal devoraba con sazón a cualquiera que osase nadar en el mar. ¿Será esta una aventura similar? ¿Será el tiburón tan malo y sangriento como en la pelicula? Por suerte para mi historia personal, era un tiburón ballena, el unico de esta especie que era inofensivo para el hombre al carecer de esas mandibulas ensangrentadas. No obstante la mancha oscura bajo el mar le conferia un caracter monstruoso y la lancha se dispuso a seguirlo. El biólogo no reparaba de su asombro. Era difícil encontrar este ejemplar en el Mar de Cortés. Eemocionado ante tal eventualidad, se zambulló tras el escualo seguido de sus hijos pequeños y otros turistas más. No lo pensé dos veces y lo seguí. Tome el visor y el snorkel y en un mar turbio segui las burbujas que dejaban las pataleadas del biologo y su pandilla. ¿ Por que lo hice? No se, quiza era mi instinto destructor. En el agua, el tiburón era más espectacular. Era gigante, de unos tres metros aunque los adultos llegan alcanzar los siete. Su cuerpo tenia manchas blancas en su dorso y su cola hacia las veces de timón. Seguiamos nadando tras de él con todo el corazón como motor y la adrenalia como directriz. En eso el tiburón, dio media vuelta y empezó a nadar hacia nosotros. Recuerdo ese momento como si fuera hoy. Su boca chata era inofensiva pero el tamaño me pareció colosal. Si solo abriera sus fauces yo cabría completita ahi aunque le gusta sólo el crill. Pero que tal si ese día habría decidido cambiar su dieta. Nadaba directo a mi. Pedi al cielo que no abriera sus fauces, que no me hiciera desmayarme en pleno Cortés. Recuerdo que dejé de nadar, rendida a mi destino, como un simple filete de pescado a la pomodoro, yo con mi traje rojo para variar. El corazíon latía y las burbujas salían de tres a cuatro pares. Era mi fin. Pero el tiburpon no tenia ninguna intencion de hacerme daño, mas bien de encararme y como un rey altivo, pasó a un lado de mi, rozando su piel aspera en mi muslo y meneando su aleta con un vai ven como si me dijera adios. Entonces nadó hacia el fondo y se perdió. Puedo decir que se trató de una de las experiencoas más intensas que he tenido en toda mi vida. Me di cuenta de lo pequeño que es el ser humano en comparación con la grandiosidad de esos animales. El tiburón ballena junto con los lobos marinos son seres sabios, mucho más dotados que el humano corriente. Ojalá hubiera tragado una parte de esas burbujas mágicas en medio de mi grito desesperado. Mi encuentro con esos animales me reafirmó mi condicion de pequeña e inferior frente a estos seres, hermosos por los cuatro costados, respetables por donde quiera que se le viese.
